¡Qué viva el tercermundismo latinoamericano!

¿Quieres matar de risa a Dios? Compártele tu agenda... sobre todo si eres Latinoamericano.

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 Los periódicos deportivos del antepasado lunes 12 de noviembre dan fe de ello. ¡Qué inocentes éramos hace 18 días! ¡Cuántas ilusiones cargábamos de cara al futuro inmediato! ¿Quién nos iba a decir entonces que no llegaríamos a diciembre sin haber hecho, por adelantado, el ridículo del siglo?

De México para arriba, la información deportiva giraba en torno al gran evento que se avecinaba en el Estadio Azteca: el Monday Night Football entre los dos mejores equipos de la NFL. El tema del estado del campo ciertamente preocupaba, pero no era nada que los mexicanos no pudieran resolver de última hora.

De México para abajo, la información deportiva giraba en torno al gran evento que se avecinaba en el Estadio Monumental: la Final de la Copa Libertadores entre los irreconciliables Boca y River. El tema de la seguridad ciertamente preocupaba, pero no era nada que los argentinos no pudieran resolver a la hora buena.

Lo acontecido a continuación es bien conocido por todo aquel que no se haya largado de vacaciones a Marte. ¿Que Shakira solo va a ofrecer un concierto? ¡Que sean dos!... ¿Que los 40 Principales y la Ke Buena tienen sus celebraciones anuales? ¡Aprovechemos para avisarle al mundo que Telehit todavía existe!... ¿Que el América varonil y el América femenil juegan cada semana? ¡Pues tráiganse también al Cruz Azul! El partido más importante de la semana acabó por ser el juego del siglo, gracias a que se jugó en Los Ángeles.

Allá al sur tampoco estaban preparados para lo suyo. La cancha estaba inmaculada, pero nadie llegó a pisarla por el vergonzoso operativo policial alrededor de ella, incapaz de combatir el tradicional ataque al autobús visitante sin rociar de gas lacrimógeno a los futbolistas abordo. El juego del siglo, que acabará por no ser ni el partido de la semana, se jugará en Madrid.

Tras no poder tomar las medidas necesarias en materia de prevención del ridículo, Buenos Aires y Ciudad de México cedieron sus eventos magnos al colonizador e imperialista primer mundo.