He visitado más de una vez el lugar donde nos conocimos. Es extraño. Puedo olerte, puedo sentirte, incluso puedo escucharte, pero de alguna forma, no logro verte. Aún así, sigo acostumbrando ese lugar donde nos conocimos, donde alguna vez fuimos felices y donde entre besos, nos regalábamos una mirada tierna y una sonrisa, donde el tiempo no existía y los abrazos se hacían eternos, donde incluso con un anillo nos habíamos hecho la promesa de estar siempre el uno para el otro.

Ahora solo la luna es mi compañera, ya no logro verte en ese sitio que alguna vez fue nuestro jardín.

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